Los Gatos del Faro


Los gatos del Faro

Después de comer cuando el sol está en lo alto avistando la bahía y degustando un cafétito con crema y su felicidad nos impregna a todos, salimos a pasear con las zapatillas de automasaje relajante.
Llegando al espigón, vimos cómo se había transformado el faro, al final del rompeolas, envuelto en gigantescos brazos de hormigón, se podían apreciar unas prominencias con forma de chimeneas, saliendo humo sin cesar y un olor inconfundible a guiso de pescado fresco, con un cartel con garabatos felinos que decía Albergue- la raspa- todos son bienvenidos.
En paseos anteriores me pareció ver a un gato zambullirse en el agua, pero pensé que era un efecto de mi imaginación o del escandilámiento debido al sol.
Otra tarde cundo volvimos paseando para airear nuestros huesos entumecidos de la agarrotada jornada, pude ver como los pescadores siseaban con cierta extrañeza de lo que venía verificándose últimamente. Al parecer los voluntarios que llevaban comida para alimentar a los gatos en una ocasión olvidaron unas gafas de bucear con mascara facial de novísima generación con vista panorámica, de silicona hipoalérgica y vidrio templado.
Uno de los gatos sintió curiosidad y se colocó una de ellas, se zambullo en el mar constatando que le permitía alcanzar el fondo sin tener que respirar, permitiéndose maniobrar y desplazarse a sus anchas.
Pensado y hecho, se convocó una reunión de la vecindad gatuna y se resolvió por unanimidad a partir de aquel momento coger y si era necesario robar, cualquier gafa de bucear panorámicas que olvidaran o descuidaran los buceadores. Hay que admitir que algunos de estos hicieron la vista gorda y los olvidadizos.
Posteriormente con las suficientes gafas panorámicas en su haber comenzaron las obras de remodelación del faro. En la parte interior de la bocana donde se reúnen algunas rocas naturales, con superficie plana suficiente para colocar un par de centinelas para mantener la vigilancia y seguridad, se ubicó la puerta que se desplegaba hacia un largo túnel que finalizaba en la parte central del faro donde se dispuso la cocina con muebles cedidos por el voluntariado, a la derecha de los fogones había una amplia sala de estar que durante día era comedor y por la noche dormitorio. A la izquierda de los fogones podías vislumbrar la guardería una amplia sala adornada con dibujos de colores y posters infantiles donde se turnaban los gatos con más experiencia para criar e instruir a los recién nacidos y a los pequeños.
En los ventanales protegidos por las grandísimas y resistentes piedras desde donde se podía ver el espectáculo de las ondas marinas y el bullicio de la vida submarina, se encontraba las camitas para los gatos más ancianos a los que le resultaba difícil salir a la superficie.
Con el tiempo se fue ampliando el hogar.La población de gatos fue aumentada y podemos decir firmemente que las siguientes generaciones crecieron más fuertes y vivieron una vida más digna resguardados del excesivo calor o frío del exterior.


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